La especialista en radiodiagnóstico y radiología intervencionista explica cómo esta disciplina mínimamente invasiva se ha incorporado al tratamiento de patologías vasculares, oncológicas y de urgencias.

La radiología ya no es solo “hacer pruebas de imagen”. En las últimas décadas, la radiología intervencionista se ha consolidado como una herramienta terapéutica que permite tratar muchas enfermedades de forma mínimamente invasiva, acortando estancias hospitalarias y reduciendo tiempos de recuperación.

La doctora Claudia Lorena Martínez Higueros, médica especialista en radiodiagnóstico, ha desarrollado buena parte de su carrera en este ámbito, trabajando en procedimientos guiados por imagen junto a equipos multidisciplinares. En esta entrevista explica por qué, en su opinión, “la radiología intervencionista está cambiando la forma de tratar muchas enfermedades” y qué implica esto para pacientes y profesionales.

De la “foto” al tratamiento guiado por imagen

Durante años, el papel del radiólogo se asociaba casi exclusivamente al diagnóstico. Sin embargo, la irrupción de la radiología intervencionista ha ampliado ese rol. Hoy, una parte de los radiólogos participan de forma directa en el tratamiento, utilizando la imagen como guía para realizar procedimientos a través de pequeñas punciones, sin necesidad de cirugía abierta. Para ello se utilizan técnicas como ecografía, tomografía, resonancia magnética y fluoroscopia 3D, además de técnicas híbridas para favorecer la precisión de los procedimientos y garantizar los mejores resultados al menor coste y riesgo para el paciente (coste-efectividad).

Según explica Claudia Lorena Martínez Higueros, el cambio de paradigma es claro: la imagen deja de ser solo una herramienta para ver y se convierte también en una herramienta para actuar. Mediante catéteres y microguías introducidos por vasos sanguíneos o accesos específicos, se pueden tratar aneurismas, malformaciones vasculares, hemorragias activas o tumores, entre otros procesos, además de favorecer la inmediata resolución de los síntomas y la recuperación en un tiempo corto. Esto aumenta la calidad de vida del paciente, además de contribuir a utilizar los recursos asistenciales de manera más eficiente. 

Un ejemplo de ello es el tratamiento de los miomas uterinos o de los partos o cesáreas con riesgo de sangrado. También el tratamiento de salvamento de extremidades en pacientes diabéticos o con enfermedades vasculares crónicas, que en el pasado no tenían más recurso que acudir a la amputación.

Patologías donde la radiología intervencionista marca la diferencia

La lista de situaciones clínicas en las que la radiología intervencionista se ha incorporado a los protocolos de tratamiento es cada vez más amplia. Entre ellas destacan:

Enfermedad vascular, con procedimientos para abrir arterias estrechadas, tratar trombosis o manejar malformaciones complejas.

Oncología, con técnicas de embolización o ablación que se realizan en coordinación con oncología médica y radioterapia.

Emergencias, como hemorragias internas o complicaciones postquirúrgicas, donde actuar con rapidez es esencial.

Colocación de accesos vasculares y otros dispositivos guiados por imagen, que requieren una localización precisa para minimizar riesgos.

En riñones obstruidos por piedras (litiasis), se colocan catéteres de drenaje.

En niños que no pueden alimentarse, se realiza la colocación de accesos para alimentación por el intestino o por la vena.

En pacientes con próstata agrandada que obstruye y causa problemas miccionales, se realiza tratamiento dirigido a las arterias de la propia próstata para disminuir su tamaño (embolización prostática) y resolver así los síntomas del paciente sin llegar a cirugía.

En pacientes mayores o con enfermedades graves que no pueden ser llevados a cirugía o recibir anestesia, se colocan catéteres de drenaje para descomprimir vesícula inflamada o resolver una apendicitis complicada y evitar así el riesgo quirúrgico, resolviendo la situación clínica del paciente.

Entre otros.

En estos escenarios, el radiólogo intervencionista trabaja en estrecha relación con cirujanos, intensivistas, internistas y otros especialistas, lo que exige coordinación constante y decisiones compartidas.

El papel de la información clínica y la comunicación con el paciente

La experiencia de Claudia Martínez Higueros subraya que la radiología intervencionista no se basa solo en la tecnología. Para que un procedimiento tenga sentido, es fundamental la información clínica que lo respalda: antecedentes, tratamientos previos, resultados de otras pruebas y contexto del paciente.

Por eso, antes de una intervención se revisan informes, se comentan los casos en sesiones clínicas cuando es necesario y se valoran alternativas. El objetivo no es aplicar una técnica porque existe, sino porque aporta un beneficio razonable frente a otros enfoques posibles.

También ha cambiado la relación con el paciente. Cada vez es más habitual que la persona pregunte directamente al radiólogo qué se le va a hacer, cómo será el procedimiento y qué puede notar después. Esto obliga a explicar con palabras sencillas un proceso que es técnicamente complejo, pero que el paciente necesita comprender para tomar decisiones informadas.

Una disciplina en evolución constante

La radiología intervencionista es uno de los campos de la medicina donde la innovación tecnológica es más rápida. Nuevos materiales, sistemas de navegación, softwares de planificación y equipos de imagen avanzada obligan a una actualización permanente.

A lo largo de su carrera, la Doctora Claudia Lorena Martínez Higueros ha combinado la práctica asistencial con la participación en cursos, congresos y proyectos de investigación en ámbitos diversos. Esta combinación de clínica, docencia e investigación es una de las señas de identidad de muchos radiólogos que han apostado por el intervencionismo como vía de desarrollo profesional.

Retos de la radiología intervencionista en los próximos años

Mirando al futuro, la disciplina afronta retos importantes:

Integrarse de forma más estructurada en las rutas asistenciales de distintas patologías, desde el diagnóstico hasta el seguimiento.

Promover la disponibilidad de equipos y la provisión del servicio dentro del sistema público, para beneficio de la población más necesitada.

Favorecer la innovación e investigación para perfeccionar técnicas y procedimientos, así como materiales más seguros para el paciente.

Seguir mejorando tiempos de respuesta en contextos de alta demanda asistencial.

Explicar mejor a pacientes y familias qué hace exactamente un radiólogo intervencionista y por qué se le propone un procedimiento guiado por imagen.

Consolidar sistemas de registro que permitan evaluar resultados a medio y largo plazo, comparando técnicas y protocolos.

Implantar sistemas de registro de complicaciones para mejorar la práctica.

Favorecer la formación continua y la práctica certificada de los profesionales que realizan intervención por imagen, para garantizar la calidad y seguridad del paciente.

Impulsar el sistema de auditoría de las unidades de radiología intervencionista y de entrenamiento de profesionales.

En este contexto, perfiles como el de Claudia Martínez Higueros reflejan la evolución de una especialidad que ha pasado de ser casi invisible para el paciente a desempeñar un papel muy visible en el tratamiento de muchas enfermedades.

En este contexto, perfiles como el de Claudia Martinez Higueros reflejan la evolución de una especialidad que ha pasado de ser casi invisible para el paciente a desempeñar un papel muy visible en el tratamiento de muchas enfermedades.

Sobre la autora

Claudia Martínez Higueros es médica especialista en radiodiagnóstico y radiología intervencionista. Combina su actividad clínica con la participación en proyectos de formación e investigación relacionados con la imagen médica.