Mauro Povia, CEO de Asset1 Invest, explica por qué cada vez más empresarios están adoptando modelos de inversión propios de los grandes patrimonios para dejar de depender exclusivamente de su negocio.
Levantar una empresa es uno de los procesos más exigentes que puede asumir un profesional. Requiere años de esfuerzo, riesgo y foco. Pero, una vez alcanzada cierta estabilidad, aparece una pregunta que muchos empresarios no saben responder: ¿qué hacer con el capital que genera el negocio?
Para Mauro Povia, CEO de Asset1 Invest, ahí es donde empieza la siguiente fase.
El empresario ya ha demostrado que sabe generar dinero. El siguiente paso no es trabajar más, es aprender a estructurarlo para que llegue el momento en el que el dinero empiece a trabajar para él.
Según explica, el problema no está en la falta de beneficios, sino en cómo se invierten. La mayoría de empresarios sigue actuando como inversor particular: operaciones aisladas, baja diversificación, escasa eficiencia y una gestión activa que requiere directamente de su tiempo en el día a día.
Frente a esto, existe un modelo que durante décadas ha sido utilizado por grandes patrimonios y que ahora empieza a adaptarse a empresarios con estructura societaria: el private equity real estate a través de clubes de inversión.
De operar a estructurar
Este enfoque cambia completamente la lógica de inversión. No se trata de comprar activos individuales, sino de participar de forma recurrente en operaciones estructuradas.
"Los grandes patrimonios no buscan tener propiedades. Buscan generar flujos de ingresos a través de sistemas de inversión."
El modelo se basa en tres elementos clave: inversión a través de vehículos independientes (SPV), diversificación en múltiples proyectos y reinversión constante de los beneficios. A esto se suma el uso de financiación para optimizar el capital invertido.
El resultado es un sistema diseñado para mantener el capital en movimiento y potenciar el crecimiento en el tiempo.
El club como vehículo
Para el empresario individual, replicar este modelo de forma aislada es complejo. Por eso, la fórmula que se está imponiendo es la del club de inversión: estructuras privadas donde varios empresarios coinvierten en oportunidades seleccionadas y delegan la gestión operativa.
"El empresario no quiere otro trabajo. Quiere inversiones que funcionen sin depender de su tiempo."
En este contexto, su papel cambia: deja de ser gestor de activos para convertirse en decisor de inversión, con la responsabilidad de entender cada operación —por ejemplo, saber analizar un business plan— pero sin involucrarse en la ejecución diaria.
Reducir dependencia, aumentar libertad
El objetivo de este modelo no es maximizar el resultado de una operación concreta, sino construir una estructura que genere ingresos recurrentes en el tiempo.
"Cuando el empresario consigue que una parte relevante de sus ingresos provenga de sus inversiones, deja de depender exclusivamente de su empresa. Y eso cambia completamente su posición."
Según Povia, este tipo de estrategia permite avanzar hacia un escenario donde el negocio deja de ser la única fuente de ingresos y pasa a formar parte de un sistema patrimonial más amplio.
Una evolución natural
Lejos de ser una tendencia puntual, Povia lo define como una evolución lógica.
"Después de años construyendo una empresa, lo coherente es construir el sistema que te permita consolidar lo que has generado."
Esa es precisamente la base sobre la que ha desarrollado su propio modelo: un club de inversión privada que busca trasladar la arquitectura de los grandes patrimonios al empresario que ya genera dividendos y quiere dar el siguiente paso.
"El modelo no es nuevo. Lo que es nuevo es que cada vez más empresarios están empezando a entenderlo y a aplicarlo."


