La obra de Teresa Ramon desembarca en el Museo Centro de Artes de Vanguardia de Madrid. El Museo La Neomudéjar acoge una exposición diferencial sobre su obra pictórica y escultórica.

Bajo el sugerente título de “La dulzura que habita en la bestia dormida” Teresa Ramón brinda la oportunidad de conocer un significativo número de obras que abarcan contextos y periodos diferentes de su producción. La exposición se inaugura el día 18 de febrero a las 12 de la mañana con la presencia de la artista.

La exposición recorre sobre la obra de la Aragonesa Teresa Ramón, sus retratos, su abstracción y gesto pictórico, y da un salto diferencial con respecto a las artistas de su generación. Cuando se enfrenta la pintura de Teresa Ramón, hay un primer encuentro con la extrañeza. De inmediato, uno sabe que está ante alguien que reta el arquetipo de la mujer artista. Su gesto, su versatilidad e intereses no operan en los modismos. Es la obra de Teresa, íntima al tiempo que cotidiana.

Sus temáticas operan en un imaginario por veces afectado por lo monstruoso, y otras por un costumbrismo del día a día. Se entrelazan en su producción dulzura y crueldad, con planos de metalenguaje y simbologías ancestrales que remiten a una mitología propia. Se refleja en su producción un genuino espíritu de rebeldía, de inconformismo, tanto en lo temático como en lo formal.

Su producción de retratos genera un multiverso de percepciones, posicionamientos e intereses de la tradición pictórica con la que Teresa se mide como mujer artista en un juego cara a cara con la tradición de los grandes nombres mayoritariamente hombres artistas, que siempre acaparan la narrativa oficial. En su producción aparecen inquietudes que han afectado a la búsqueda de una impronta personal que le permitió dialogar desde la práctica pictórica, con los territorios que han ido formando parte de su devenir como artista. Italia, Dominicana, Francia, Marruecos, han sido países que han generado un tamiz cromático que permea sobre su trazo pictórico y compositivo.

La pintura expresionista y surrealista de la aragonesa, ha destacado por la investigación sobre materiales y técnicas generando una narrativa personal llena de simbolismos, cercanos a veces a un universo mitológico. No es extraño ver en sus obras simbologías ancestrales, de una conexión metafísica con algo que subyace entre un surrealismo y un expresionismo que posiciona su obra en un diálogo abierto con las corrientes más arriesgadas de la pintura actual. Podría afirmarse que su producción es de esas obras que van a permanecer e incrementar su presencia en museos y colecciones del siglo XXI y que su posicionamiento en el mundo del arte es de facto incontestable.

Ha tenido el acierto Teresa Ramón de desnudarse ante la cámara, consciente de que su obra debía ser narrada y explicada desde su cuerpo, su rostro su mirada. El documental ‘Carrasca’, de Alejandro Cortés Calahorra, que participó en la Seminchi, da testimonio de que hay en la obra de Teresa Ramón, complejidad, dureza, atrevimiento y riesgo, así como una vulnerabilidad extrema, que protege de las bestias que a menudo la azotan y que tan magistralmente recoge en su bestiario. 

Teresa Ramón tiene la ironía a flor de piel. Consciente de haberse medido con un universo clasista, territorio de hombres que vetan a las mujeres en el arte, Teresa juega a confrontar lo establecido, a dar testimonio que como mujer, ha podido retarse al gran formato, a la monumentalidad de sus murales en lugares públicos. Esa obra, de genialidad plástica, será la que sin duda prevalezca y dé fe de la dimensión de su figura como artista.