La terapeuta Mariló Sánchez señala que la perimenopausia no comienza el día en que desaparece la menstruación, sino mucho antes, en ocasiones de forma tan sutil que puede pasar desapercibida. Explica que no todo lo que ocurre en esta etapa responde únicamente a factores hormonales, ya que el estrés, la historia emocional, el descanso y el estilo de vida influyen profundamente en la manera en que cada mujer la transita.

Asimismo, destaca que comprender esta transición con información y conciencia permite afrontarla con mayor preparación, serenidad y fortaleza personal.

La perimenopausia, la menopausia y la posmenopausia continúan siendo, para muchas mujeres, etapas poco comprendidas. No por falta de información médica, sino porque cada mujer vive este proceso de forma única. Y cada menopausia, también.

La perimenopausia suele comenzar alrededor de los 40 años, e incluso antes en algunos casos, aunque muchas mujeres no están realmente preparadas para reconocerla. No siempre se inicia con la ausencia de la menstruación; en numerosas ocasiones se manifiesta de manera mucho más sutil.

En algunas mujeres pueden aparecer alteraciones emocionales. En otras, mayor sensibilidad, irritabilidad inesperada, ansiedad, cambios en el sueño o dificultad para concentrarse. También puede surgir una sensación difícil de definir: la percepción de sentirse diferente. Todo ello depende, en gran medida, del contexto vital de cada mujer.

En entornos marcados por el estrés sostenido, las prisas y la exigencia constante, estos cambios suelen atribuirse al trabajo, a la familia o al cansancio acumulado. Rara vez se contempla la posibilidad de que el cuerpo esté iniciando una transición biológica profunda.

Muchas mujeres comienzan a sospechar cuando el ciclo menstrual experimenta variaciones: de 28 días pasa a 24, 23 o incluso 21. Cuando la menstruación se adelanta, se retrasa o cambia en intensidad, es entonces cuando algunas piezas empiezan a encajar. Sin embargo, el proceso llevaba tiempo manifestándose.

Durante esta etapa se produce una importante fluctuación hormonal. Los niveles de estrógenos y progesterona varían, y el sistema nervioso, estrechamente conectado con el sistema endocrino, también se ve implicado. No obstante, reducir esta fase exclusivamente a cifras hormonales simplifica en exceso una transformación mucho más amplia.

La forma de vida, el nivel de estrés, la calidad del descanso, la alimentación, las relaciones, la historia emocional y la carga mental acumulada influyen directamente en cómo se transita esta etapa. No todas las mujeres la viven igual porque no todas viven las mismas circunstancias.

Existe, además, una realidad poco mencionada: la formación universitaria en ginecología dedica relativamente poco tiempo específico a la perimenopausia entendida como un proceso integral. La menopausia suele abordarse desde el cese menstrual o desde la patología asociada, pero no siempre desde la transición previa que la antecede.

Un sofoco, por ejemplo, no se manifiesta de la misma manera en todas las mujeres. Para algunas puede ser leve y ocasional; para otras puede estar profundamente relacionado con el estrés, la inflamación, el sistema nervioso o su propia historia emocional. No se trata únicamente de un síntoma aislado, sino de la expresión de un organismo completo.

Otro ejemplo frecuente es la disminución de la libido. Muchas mujeres consultan preocupadas porque perciben que han perdido el deseo, y con frecuencia se atribuye de forma automática a la menopausia. Incluso algunos profesionales lo explican exclusivamente desde la bajada hormonal.

Sin embargo, al explorar con mayor profundidad cuándo comenzó ese cambio, en numerosos casos se observa que el proceso venía gestándose desde años atrás. El estrés crónico, la sobrecarga mental, los conflictos de pareja, la falta de descanso, la desconexión corporal o una vivencia de la sexualidad desde la obligación y no desde el deseo pueden influir tanto o más que la propia fluctuación hormonal.

No todo es hormonal.

Y no todo lo que emerge en esta etapa nace en la menopausia, aunque sea en ese momento cuando se vuelve más evidente.

Con frecuencia, cuando mujeres de 40 o 42 años acuden a consulta y aún mantienen cierta regularidad menstrual, no se aborda la perimenopausia como posible marco explicativo. La conversación suele iniciarse cuando el ciclo presenta alteraciones claras, aunque el cuerpo pueda llevar años realizando ajustes silenciosos.

Por ello, cada vez más profesionales que trabajan desde una mirada integrativa insisten en la necesidad de mayor conciencia y educación preventiva. Comprender esta etapa antes de que los cambios se intensifiquen permite afrontarla con mayor preparación y menor desconcierto.

Desde esta perspectiva surge el programa creado por Mariló Sánchez: un espacio formativo y de acompañamiento diseñado para que las mujeres comprendan qué puede estar ocurriendo en su cuerpo a partir de los 38 años, aprendan a identificar señales tempranas y desarrollen recursos para transitar esta transición con información, conciencia y herramientas prácticas.

Porque, quizá, el verdadero cambio no sea únicamente hormonal.

Tal vez el cambio sea también de conciencia.

Como parte de esta iniciativa, Mariló Sánchez ofrecerá el 11 de marzo una sesión gratuita donde explicará por qué la perimenopausia comienza mucho antes de lo que se suele pensar y cómo prepararse para ella. La Inscripción previa necesaria: www.marilosanchez.com/ppm